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miércoles, 8 de agosto de 2012 | Silvia de Córdoba


“La verdadera revolución no puede temer a las masas, a su expresividad, a su participación efectiva en el poder. No puede negarlas, no puede dejar de rendirles cuenta. De hablar de sus aciertos, de sus errores, de sus equívocos, de sus dificultades”

Paulo Freire




El proceso de construcción del Gobierno Abierto será largo y debemos estar todos los ciudadanos preparados para participar y ejercer el poder de legitimar a la administración en cada una de sus decisiones.

El cambio en los nuevos paradigmas de la comunicación y de la participación se hacen presentes en diferentes esferas de la vida en el mundo globalizado, lo que está por verse es si las administraciones serán capaces de tomar la vanguardia de esta nueva forma de legitimarse y garantizar la participación ciudadana o si, por el contrario, seguirán aferrándose a los modelos jerárquicos y unidireccionales que se vienen desarrollando en los últimas décadas.  Es decir que las declaraciones oficiosas no bastan, las leyes sin voluntad política de transformar, no alcanzan. Será necesario una apertura por parte de los gobiernos a este nuevo interlocutor, que ya no es objeto de sus decisiones políticas sino sujeto activo y legitimador de sus políticas. Y digo nuevo ya que es nuevo todo, nunca antes el ciudadano estuvo tan rodeado de información., de herramientas, de posibilidades… Sin embargo, cuando se trata de un Proyecto político liberador es imprescindible garantizar a todos el acceso a las nuevas tecnologías, y lo que es vital para la consecución de una sociedad justa, inclusiva y participativa es que los ciudadanos tengan la oportunidad de formarse en libertad y con las competencias necesarias para acceder a la información sin intermediarios económicos y políticos. Hablamos de la necesidad de garantizar, favorecer y reforzar una educación democrática, que posibilite que todos podamos pensar y comportarnos de forma autónoma, racional, creativa y solidaria; es decir, por una educación que ofrezca a todos los ciudadanos, sin excepción,  los conocimientos y las competencias necesarias para juzgar por sí mismos, construir su proyecto de vida y gestionarlo junto con los proyectos de los demás.

Hablamos de un cambio cultural, donde todos los ciudadanos estamos comprendidos: maestros, políticos, empleados públicos, profesionales, jóvenes, amas de casa, jueces, empresarios, etc.  Especialmente para los ciudadanos significa que más allá del voto y de la queja, debemos aprovechar el conocimiento colectivo y proponer políticas, cambios

Este cambio implica dejar atrás concepciones elitistas, demagógicas, clientelistas: hay que aprender de nuevo a hacer las cosas: Este nuevo paradigma requiere de personas distintas, de estructuras distintas, de concepciones distintas. Este nuevo paradigma nos invita a desaprender viejos vicios de los políticos, de los militantes, de los votantes, de los empleados públicos, etc.



La educación es fundamental en este nuevo paradigma de la comunicación y la participación. Los autores han recurrido en varias oportunidades a Paulo Freire y estoy convencida que la Comunidad de Aprendizaje y el Aprendizaje Dialógico son las mejores herramientas para formar personas sensibles a su entorno, comprometidas con el bien común, esencialmente solidarias, comprometidas con la transformación de su contexto histórico, personas culturalmente inteligentes, abiertas a la diversidad y consagrando la igualdad.
Para que estos cambios en la comunicación y la participación ciudadana se vuelquen en cambios culturales y estructurales adecuados es necesario un rol activo por parte del gobierno, de manera que se pueda aprovechar esta herramienta de comunicación fundamental para mejorar la gestión de la cosa pública y atender a las demandas ciudadanas. En el caso de Argentina el camino se ha iniciado, solo que el paso es lento, sin embrago no deja de ser positivo, ya que como decíamos arriba, los cambios necesarios para garantizar los principios del GA son muy importantes y el actual diseño social, educativo, administrativo, político, económico, etc., lleva muchos años vigentes y requieren de toda una ingeniería social, administrativa, cultural, técnica, política y educativa que se asiente en una sociedad empoderada.

En Argentina ya hay luces que deslumbran en las sombras de la vieja política: leyes, herramientas sociales, políticas sociales y una clara voluntad política de generar los cambios. Nuestro país cuenta, también, con un actor privilegiado: la militancia, no solo peronista, sino que abarca un abanico muy variado de grupos tras un proyecto que se está construyendo.

El cambio va a realizarse, y confiamos y exigimos que el estado garantice el desarrollo tecnológico y favorezca la transparencia, la participación, la escucha activa y la colaboración. De todos modos, más tarde o más temprano, los ciudadanos estaremos allí, en la red construyendo la sociedad inclusiva, participativa y solidaria… sin ellos, eso que se llama REVOLUCIÓN.

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